Si trabajas por tu cuenta —diseño, construcción, asesorías, oficios— este es tu contrato. Deja claro el trabajo, el precio y los plazos, y te ahorra la mayoría de los problemas de cobro.
Es el acuerdo por el cual una persona (o empresa) se obliga a prestar un servicio a otra a cambio de un precio, de forma independiente. A diferencia del contrato de trabajo, aquí no hay subordinación ni horario impuesto: entregas un resultado o un servicio.
Define el monto total, si hay anticipo, y las fechas exactas de cada pago. Un buen contrato dice, por ejemplo, "50% al inicio y 50% contra entrega". Así el cobro no queda a interpretación.
Cuando alguien presta un servicio de forma independiente, sin subordinación: un profesional, un técnico, un freelancer. Si hay dependencia y horario, corresponde un contrato de trabajo.
No es obligatorio para que valga entre las partes, pero firmar ante notario da fecha cierta y más respaldo si hay conflicto o montos importantes.
El contrato es tu prueba. Con él puedes cobrar lo pactado, por eso conviene detallar el precio, las fechas de pago y qué pasa ante atrasos.